Errores de traducción que han hecho historia

Errores de traducción que han hecho historia

Errores de traducción que han hecho historia

Comunicarse en inglés es hoy un requisito indispensable para cualquier empresa que pretenda exportar su producto o servicios, y establecer vínculos con otros empresarios y clientes a escala global. En dicha comunicación no valen términos medios, se trata de comunicar bien, es decir que nuestro mensaje llegue de una forma inequívoca y comprensible al receptor.

 

¿Quién no ha metido la pata en una conversación al usar una expresión inapropiada o inexacta, incluso usando su mismo idioma? Sin embargo, en persona, uno dispone del lenguaje no verbal –los gestos, la mirada– para reorientar o clarificar el significado del mensaje. Incluso, puede percatarse de la no comprensión del mismo al observar la reacción del interlocutor. Tratándose de una comunicación que sucede en el mismo momento y espacio, existe la posibilidad de rectificar y disculparse de inmediato.

 

La situación se complica cuando emisor y receptor no se encuentran cara a cara ni se comunican en el mismo instante. Es lo que se conoce como comunicación asincrónica y es de lo más habitual hoy en día. Es el caso de los mensajes publicitarios, los comunicados de prensa o los contenidos web, por poner tres ejemplos. Aquí, el emisor debe ser muy cuidadoso, exacto e inequívoco cuando elabora el mensaje, puesto que una vez lo emite pierde el control sobre él.

 

Sumémosle a ello, la necesidad de comunicarnos en inglés. Como apuntábamos en un comienzo este es un hecho cada vez más habitual, ya no sólo en grandes empresas sino también en PYMEs que desean abrirse mercado. Sin embargo, usar un idioma que no dominamos al cien por cien puede acarrearnos algún malentendido, sobretodo si el mensaje se difunde extensivamente y genera respuestas inmediatas en la red, como les ocurrió a Mango.

 

En el caso de Mango, la factoría española comercializó unas pulseras tipo esclava, pero no tuvo en cuenta que, en Francia, dicho término no significa nada más que la ausencia de libertad de la personsa y supeditación a otra. Dicha publicidad comportó una campaña contraria en el país francófono y se zanjó con la retirada del nombre y una disculpa en la red.

 

Algo más cómico les ocurrió a Pepsi o American Airlines por realizar traducciones literales –y malas traducciones– de sus eslógans en inglés. En la década de los 90, la famosa marca de refresco se publicitó en Taiwan con la frase “Pepsi traerá a tus antepasados muertos de vuelta entre los vivos”, al traducir erróneamente “Come alive with Pepsi”. Mientras que la aerolínea animaba a los viajeros a volar desnudos con su “Vuela en cuero” –mala traducción del “Fly in leather” con que anunciaba sus asientos de cuero.

 

Peor le fue a Electrolux cuando saltó del mercado escandinavo al americano con la desafortunada frase “Nothing sucks like an Electrolux”. Antes que “la capacidad de aspirar”, los consumidores anglosajones entendieron que la marca en si apestaba, o sea que era de lo peor. ¡Tiro por la culata!

 

Algo parecido le pasó a la compañía Coca-Cola al disponer al azar palabras inglesas y francesas en los tapones de las bebidas. “You retard” se percibió como “tú retardado” por una consumidora de habla inglesa, aunque “retard” en francés signifique “tarde”.

 

Crisis de reputación o polémicas en la red están servidas cuando se trata de traducir nombres y conceptos, aunque no haya motivo de peso como pasó con las almohadas Gosa Raps de Ikea. Situaciones similares pueden traducirse en una reacción negativa por parte del consumidor, boicot, críticas y disminución de vendas. Una pérdida económica que uno podría haberse ahorrado si hubiera contado con el asesoramiento de traductores profesionales.

 

“The bitterness of poor quality remains long after the sweetness of a low price is forgotten!”Benjamin Franklin

 

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