Los políticos y sus problemas con los idiomas

Los políticos y sus problemas con los idiomas

Los políticos y sus problemas con los idiomas

Desde hace unos años se suceden las noticias sobre políticos que, por decirlo de alguna manera, han tenido algún desliz con el uso del idioma. Últimamente, gracias a las redes sociales, las metidas de pata de estos personajes públicos se hacen más evidentes y parecen demostrar que ellos tiene muchos problemas con los idiomas.

 

Cada vez más políticos españoles se están lanzando a escribir en los medios sociales sin tener en cuenta que sus intervenciones son observadas con lupa por un gran número de usuarios, muchos de ellos ávidos de crear polémica aprovechando cualquier pequeño error que cometan. El último despropósito lo protagonizó hace pocos días la concejala de cultura de Valencia, Mayrén Beneyto, cuya carta de despedida es una flagrante falta de respeto a la ortografía y gramática castellanas. De nada sirven las excusas cuando el texto ya ha sido publicado. Los lectores rápidamente se encargan de difundir el más mínimo error y ridiculizar públicamente al autor.

 

Los políticos y sus problemas con los idiomas

 

Pero no pensemos que esto solo pasa en España. En Inglaterra los políticos también comenten algún que otro tropiezo de similares características. Es el caso de dos miembros del partido UKIP a los que se atribuye la distribución de panfletos repletos de errores gramaticales. El documento cayó en manos de un profesor que rápidamente corrigió los fallos como si de un examen se tratara y publicó el resultado en las redes sociales. De nuevo, las excusas  y explicaciones llegaron tarde. El documento ya estaba siendo objeto de las más despiadadas críticas en internet.

 

UKIP panfleto repleto de errores gramaticales

 

Pero si algunos políticos españoles tienen dificultades con su propio idioma, el problema se agrava cuando tienen que expresarse en inglés. Rajoy, Ana Botella, Aznar o Zapatero, son los máximos exponentes de una generación de dirigentes que ha accedido a responsabilidades de gobierno con un deficiente o nulo dominio del inglés.

 

Desde el gobierno se han financiado multitud de iniciativas públicas para promocionar el aprendizaje del inglés entre la población. Resulta como mínimo sorprendente que los dirigentes que promueven estas iniciativas ofrezcan una imagen tan triste cuando intentan expresarse en inglés en las reuniones internacionales, hasta el punto de protagonizar un sinfín de momentos que rozan lo esperpéntico. ¿No parece hipócrita proclamar la necesidad de que los españoles aprendan inglés cuando ellos no hacen un esfuerzo por aprenderlo?

 

Afortunadamente, en los últimos tiempos han aparecido nuevos líderes políticos que muestran un nivel del idioma más que aceptable. Es lo menos que se puede exigir a alguien que debe relacionarse internacionalmente con multitud de agentes económicos, políticos  y culturales. Es más, con las elecciones a la vuelta de la esquina, saber inglés es un valor muy apreciado por los votantes que ven a quien habla idiomas como una persona más preparada para enfrentarse a los retos actuales.

 

Todo el mundo comete errores pero los políticos deberían estar más sensibilizados que nadie debido a su constante exposición pública y al impacto que generan sus actuaciones. Utilizar correctamente el idioma propio y dominar algún otro, cuantos más mejor, es fundamental para ejercer bien la política y transmitir ideas mediante la herramienta más poderosa: la buena  comunicación.

 

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