Marca España, una marca de “oit points”

Marca España, una marca de “oit points”

marca espana

A lo largo de los últimos años, casi todos hemos escuchado hablar de Marca España. Empresarios, políticos y medios de comunicación a menudo se llenan la boca con este concepto complejo y abstracto que representa aquello que produce y ofrece el país, y en última instancia la imagen que da. Dicha imagen se alimenta de una retahíla de cualidades que le son propias y que se ha ganado con el tiempo, pero también de cómo se transmiten más allá del territorio. Pero justamente en el plano comunicativo todavía hay trabajo por hacer, a juzgar por las flaquezas que en varias ocasiones han puesto de manifiesto representantes de la administración e instituciones públicas.

Hallamos un ejemplo en la reciente edición del Festival de Eurovisión. La ganadora del certamen, la austríaca Conchita Wurst, lo tenía todo para secuestrar titulares y comentarios: era “la mujer barbuda”, decían todos, a pesar de que en realidad era un hombre travestido. Sin embargo, la cantante de Rise like a phoenix tuvo que compartir protagonismo con la presentadora de España cuando, al hacer públicas las puntuaciones, salpicó la audiencia con un par de momentos hilarantes por su mala pronunciación del inglés.


Carolina Casado cometió el primer error al pronunciar “Europans” en vez de “Europeans”, sólo empezar. Aunque lo que arrancó risas de verdad fueron los “oit points” (“eight points”, debería haber dicho) atribuidos a la actuación de Rumanía. El patinazo quedó recogido al instante por la etiqueta #oitpoints en Twitter y hasta se convirtió en “trending topic”, ya que no fueron pocos los que parodiaron el error e hicieron mofa de ello. La red se convirtió en una clara evidencia de hasta que punto muchos españoles sienten vergüenza ajena ante el pobre nivel de inglés de sus representantes, sean políticos, portavoces o presentadores.

De nada sirvieron sus disculpas en Twitter: “Prometo que me había estudiado la lección, pero los nervios y la técnica me la jugaron. Hoy, castigada sin salir”. Algunos medios de comunicación tampoco perdonaron el patinazo: “otro ridículo para España con el inglés”, lo titularon los periódicos ABC y El Comercio, haciendo alusión a la inolvidable “relaxing cup of café con leche in Plaza Mayor” de la alcaldesa de Madrid, Ana Botella, cuando defendió la candidatura de Madrid ante el Comité Olímpico Internacional.

Otro ejemplo, más reciente y menos notorio, lo encontramos la semana pasada en la estación de metro Clot, en Barcelona. “Si no hablas español, no te entiendo, chato. ¡A aprenderlo, que esto es España!”, fue la respuesta que recibió un turista por parte de TMB –la empresa que gestiona el transporte público en Barcelona– cuando informó, en inglés, de que la máquina expendedora no había emitido el billete. La sorpresa de la familia visitante –padre, madre e hijas– fue mayúscula al ver que la empleada de TMB no sólo no hacía el esfuerzo por ralentizar su discurso en castellano sino que encima los regañaba por no saberlo hablar.

Pueden tomarse el par de ejemplos como simples anécdotas puntuales, aunque no debería dejarnos indiferentes el poco valor que todavía hoy se da al dominio del inglés. No se trata únicamente de saber leerlo o poder usarlo al viajar, sino de ser capaces de pronunciarlo correctamente y con fluidez, sobretodo quienes trabajan en instituciones públicas que tratan con personas de otros países así como quienes representan el país en el ámbito internacional.

Si crees que este post sobre la marca España es interesante, ¡no olvides compartirlo!