¿Traducción literal o traducción libre?

¿Traducción literal o traducción libre?

Traducción literal o traducción libre

¿Una buena traducción debe ser lo más fiel posible al original, o tiene que adaptar el sentido del texto en el idioma de destino? Aunque no lo creas, es un debate que enfrenta a los traductores desde hace muchos siglos. Veamos las diferencias entre la traducción literal y la traducción libre y cuál debemos usar.

 

La traducción es un oficio tan antiguo como la propia civilización, como demuestra por ejemplo la famosa piedra de Rosetta, que actualmente se exhibe en el Museo Británico y que es el primer ejemplo conocido de un texto traducido a tres idiomas. Sin embargo, un debate entre los traductores que no se ha resuelto en todo este tiempo y que sigue vigente hoy en día: ¿es mejor una traducción literal o una libre?

 

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No se trata de una mera cuestión académica, ya que si por tu trabajo encargas traducciones al inglés u otros idiomas, puedes encontrarte en la tesitura de tener que decidir si lo que quieres recibir es una traducción literal o una traducción libre del texto, con las consecuencias que eso implica. Vamos a ver las diferencias entre ellas.

 

Traducción literal: fidelidad a costa de la fluidez

La traducción literal consiste en traducir un texto manteniendo, la estructura, la gramática y el orden de las palabras, y sustituyendo cada término por su equivalente más cercano en el idioma de destino. De entrada, puede parecer que esta sea la forma más correcta de traducir para asegurar que el texto traducido conserva el mismo significado que el texto original. Sin embargo, no es tan fácil como parece.

 

Para empezar, nunca hay una correspondencia perfecta entre dos lenguas. Por ejemplo, cuando en nuestra agencia de traducción hacemos traducciones del español al inglés para nuestros clientes, a menudo nos encontramos con palabras que no existen en inglés, como “buen provecho”, “anteayer” o “consuegro”. Esto nos obliga a buscar fórmulas alternativas que nos apartan de la literalidad, como “enjoy your meal”, “the day before yesterday” o “son/daughter’s father-in-law”. ¡Es complicado!

 

 

 

En segundo lugar, las lenguas tienen estructuras gramaticales diferentes que hacen imposible traducir una frase sin modificarla, como vimos en este artículo sobre los errores comunes al hablar en inglés. Además, en ocasiones es necesario añadir algunas aclaraciones al texto original para que se entienda, por ejemplo cuando nos referimos a vocabulario específico que no tiene equivalente en español.

 

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Y por último, aunque no menos importante, una traducción literal a menudo no suena bien porque no resulta natural. Es decir, aunque la frase sea correcta y el significado se entienda, no es como lo diría un hablante nativo del idioma. Eso se nota claramente en las malas traducciones del inglés que circulan por Internet y que están repletas de adverbios (“actualmente”), gerundios (“incluyendo”), locuciones (“basado en”) y otras fórmulas que habitualmente no se utilizan al hablar en español.

 

Traducción libre: ¿dónde está el límite?

Mientras que la traducción literal se hace “palabra por palabra”, en la traducción libre el traductor analiza el sentido de toda la frase e intenta reflejarlo en su idioma de la manera en que lo haría un hablante nativo. Esto puede suponer modificar la estructura del texto si el traductor considera que es necesario para que suene mejor.

 

Por ejemplo, si en una frase en inglés como “We therefore have to work together” el adverbio aparece en medio de la frase, en español lo natural ser ponerlo al principio (“Por lo tanto, debemos trabajar juntos”). Del mismo modo, se pueden eliminar palabras o elementos innecesarios, como el sujeto, que en inglés se repite al principio de cada frase, pero que en español se puede omitir en la mayoría de los casos sin perder el sentido de la frase. Otra característica de la traducción libre es que el traductor puede añadir información al texto para mejorar su comprensión, como aclaraciones o notas, e incluso modificar el contexto (por ejemplo, cuando se habla del “Spring Break” norteamericano, el equivalente más similar en español sería referirnos a la “Semana Santa”, en lugar de las “vacaciones de primavera”).

 

Traducción literal o traducción libre

La traducción “libre” de los títulos de películas a veces arroja resultados sorprendentes, como puedes ver aquí.

 

La traducción libre se emplea sobre todo en la traducción literaria y la traducción audiovisual, pero a menudo también se utiliza en otros tipos de traducciones comerciales e incluso técnicas. Sin duda, el resultado de una traducción libre suele ser mucho más fluido y natural que el de una traducción literal. De hecho, en algunos casos incluso mejora el texto original, que no siempre está bien redactado.

 

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El principal problema de la traducción libre es definir hasta dónde llegan los límites de la misma. Si el texto traducido se aleja excesivamente del original, puede perderse parte del sentido. También puede ocurrir que el traductor no haya entendido correctamente lo que quería transmitir el texto original, por lo que hace una interpretación propia e impide al lector acceder al sentido original (algo que sí sería posible deducir en muchos casos con una traducción literal). En el caso de las traducciones técnicas o especializadas, una traducción excesivamente libre puede suponer el riesgo de que se cometan errores o inexactitudes, por lo que muchos clientes prefieren que los traductores nos ciñamos lo más posible al texto original.

 

Entonces, ¿cuál es la forma correcta de traducir?

En las traducciones del español al inglés que realizamos para los clientes de Nativos, seguimos un criterio que actualmente está ampliamente aceptado en el sector: la traducción debe ser lo más fiel posible al original, pero adaptándola para que se entienda y suene correctamente en el idioma de destino. Esto nos permite encontrar un equilibrio entre la calidad de traducción que merecen nuestros clientes (que no puede ser “palabra por palabra” como haría un traductor automático) y la necesidad de reducir al mínimo los posibles errores de interpretación del significado. Eso es especialmente importante, por ejemplo, al realizar traducciones para SEO.

 

Hay otra razón importante para no hacer una traducción ni excesivamente literal ni demasiado libre: en muchos casos, realizamos traducciones de páginas web, tiendas online, folletos, catálogos, etc. que luego deben maquetarse según el diseño que se hizo para el texto original. A menudo incluso nos marcan un número de caracteres o palabras máximo o mínimo para la traducción. El problema es que, al traducir del inglés al español o al revés, la longitud del texto puede variar hasta un 30 %, lo que hace realmente complicado poder encajarlo en el espacio y el formato disponibles.

 

Esto implica que, para ajustarnos a la maqueta del documento, en ocasiones debemos reinterpretar una frase para que quepa en su sitio; y en otras tenemos que seguir una estructura determinada que tal vez no sería la ideal en otro idioma, pero que no se puede cambiar porque eso implicaría que el cliente se viera obligado a rediseñar y remaquetar todo el material. La verdad es que encontrar el equilibrio adecuado entre literalidad y libertad de la traducción no siempre resulta fácil; ¡pero ese es uno de los aspectos que diferencian a un verdadero traductor profesional!

 

¿Piensas que una buena traducción debe ser lo más literal posible, o lo importante es que se entienda y suene bien? ¡Da tu opinión en redes sociales!